A los habitantes del Valle de Boí todavía les bate el corazón cuando bajan con las “falles” encendidas “corren falles” o ven “la Pila” de Taüll levantarse hacia los cuatro puntos cardinales, por eso se han mantenido vivas algunas tradiciones y se han recuperado otras. Aun con todo el aislamiento secular que sufrió el valle, la despoblación en los años 70 y el envejecimiento progresivo de la población que hizo perder temporalmente algunas de las tradiciones, la fuerza de sus habitantes y el marcado arraigo al Valle les ha hecho volver con la misma fuerza y espíritu mágico.
Las tradiciones solo se mantienen si las celebran año tras año la misma gente del territorio como un hecho propio y no simplemente como una herencia del pasado. Para conocer los detalles de cada fiesta, de cada celebración, no se puede aprender en los libros, sino en la plaza de cada uno de los pueblos del valle, donde los más pequeños aprenden de los grandes con el orgullo de sentirse parte importante de este territorio.